CELEBRACIÓN DE LA SOLEMNIDAD DE SAN JOSÉ, EN LAS PRIMERAS VÍSPERAS DEL 18 DE MARZO, EN LA IGLESIA CATEDRAL DE CAMPANA

Publicado en por Oscar Sarlinga


Tomado de: http://padrenuestro.net
Con una participación de cerca de 700 fieles, muchos de ellos niños (quienes vinieron para hacer su consagración a San José), el Obispo de Zárate-Campana presidió la Eucaristía en las vísperas de la solemnidad del Glorioso Patriarca, en la iglesia catedral de Santa Florentina (Campana) en la diócesis de Zárate-Campana, donde se venera una insigne imagen entronizada por el mismo Obispo el 19 de marzo del pasado año. La imagen, de una antigüedad de 200 años, fue donada por laicos propietarios (era de propiedad civil) al Sr. Obispo, y éste la donó de modo definitivo, a su vez, a la diócesis, en el año 2008. Dada a restaurar en su esplendor original a la restauradora de imágenes del Teatro Colón de Buenos Aires, fue luego expuesta a la veneración de los fieles, por primera vez, el 18 de marzo de ese año 2008, en el templo de Nuestra Señora del Carmen, de Zárate.
En la celebración de este 18 de marzo, Mons. Oscar Sarlinga estuvo acompañado por 10 sacerdotes que concelebraron, y asimismo por un diácono permanente y varios seminaristas.
La devoción a San José se va acrecentando en la diócesis y el Obispo dijo en la predicación que adquiría una relevancia especial para la “Nueva Evangelización” a la que nos ha llamado renovadamente el Papa Benedicto XVI. Junto a los numerosos niños, que asistieron con sus familias, se hicieron presentes en la misa delegaciones de trabajadores de la ciudad, razón por la cual Mons. Oscar Sarlinga hizo alusión en su homilía al carácter de San José como descendiente de la estirpe de David, y a todos los efectos “un trabajador”, que cuidó, protegió, alimentó al Niño Jesús, y que tuvo un papel fundamental en la misión del Niño, el cual, como el Mesías prometido, trajo nuestra salvación, y es causa y cabeza de la Iglesia, la cual posee una misión también en la sociedad actual, también para promover la cultura del trabajo y el desarrollo integral.
A modo de historia, a la joven diócesis de Zárate-Campana, creada en el año 1976 por S.S. Pablo VI (joven de creación, pese a contar históricamente con las dos parroquias más antiguas de la provincia de Buenos Aires, Santiago del Baradero y San Antonio de Areco), le fueron asignados como patronos por el mismo Papa, la Santísima Virgen en su advocación de Nuestra Señora de Luján, en primer lugar, y como copatrono a San José. No existía hasta el 2009, a días de cumplir los 34 años de su existencia diocesana, una imagen insigne y fija en el templo catedral, el de Santa Florentina, tan querido por los campanenses, y que ha tenido importantes restauraciones en los últimos años, notablemente la rehechura completa de la iglesia criptal, y del área presbiteral del templo principal.
El Obispo ha querido dejarnos algunas reflexiones, como preparación a ese acontecimiento, tomadas de la Exhortación “Redemptoris Custos” de S.S. Juan Pablo II, para que los fieles aprecien más la custodia y protección de San José sobre el Pueblo de Dios y Cuerpo de Cristo que es la Iglesia:
“Desde los primeros siglos, los Padres de la Iglesia, inspirándose en el Evangelio, han subrayado que San José, al igual que cuidó amorosamente a María y se dedicó con gozoso empeño a la educación de Jesucristo, también custodia y protege su cuerpo místico, la Iglesia, de la que la Virgen Santa es figura y modelo”[1].
Asimismo, dijo el Obispo que en esa exhortación apostólica el Papa Juan Pablo II quiso orientarnos en ver a San José como guía para un camino nuevo, un futuro venturoso de amor y de paz, basados en la Encarnación de Cristo, y citó para ello otro párrafo de dicho documento, con palabras de ese pontífice:
“Considero, en efecto, que el volver a reflexionar sobre la participación del Esposo de María en el misterio divino consentirá a la Iglesia, en camino hacia el futuro junto con toda la humanidad, encontrar continuamente su identidad en el ámbito del designio redentor, que tiene su fundamento en el misterio de la Encarnación”[2].
Porque, dijo Mons. Sarlinga, Juan Pablo II quiso enseñarnos como San José, después de la Virgen María, participó como ningún otro ser humano del “misterio” de Cristo, y hoy y siempre la devoción a él es “un puerto seguro” para alcanzar las gracias que necesitamos, en especial las situaciones más difíciles, la enfermedad, la oscuridad, la ingratitud, el abandono y el desprecio o la indiferencia sufridos, que nos hacen tanto daño. A todo esto lo vence “el poder del eterno Padre”, el cual nos predestinó a ser hijos adoptivos suyos, en Cristo, el cual, más que un personaje admirable, es el mismo Hijo de Dios que vino a salvarnos. Y citó nuevamente a “Redemptoris Custos”, el mencionado documento de S.S. Juan Pablo II:
“Precisamente José de Nazaret «participó» en este misterio como ninguna otra persona, a excepción de María, la Madre del Verbo Encarnado. El participó en este misterio junto con ella, comprometido en la realidad del mismo hecho salvífico, siendo depositario del mismo amor, por cuyo poder el eterno Padre «nos predestinó a la adopción de hijos suyos por Jesucristo» (Ef 1, 5)”[3].

[1] JUAN PABLO II, Exh. apost. “Redemptoris Custos” sobre la figura y misión de San José en la vida de Cristo y de la Iglesia, Introducción, n. 1.
[2] Ibid.
[3] Ibid.
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